Tributación internacional del teletrabajo

Teletrabajo y fiscalidad: una relación complicada

Lo que hace apenas un año era una ilusión para muchos empleados hoy se ha convertido en realidad: el teletrabajo ha llegado para quedarse. En varias ocasiones hemos hecho hincapié en que no es oro todo lo que reluce en el trabajo a distancia y, que pese a dar mucha más flexibilidad a los trabajadores, estos en ocasiones se encuentran ante la imposibilidad de disfrutar del descanso diario.

Otra de las trabas más comunes es la tributación. En palabras del director de la firma, José Luis Roales Nieto, “el teletrabajo y su aplicación es diferente en cada empresa y, por tanto, debe ser evaluado en profundidad y de forma independiente. Todavía puede complicarse más si hablamos de empresas españolas cuyos trabajadores se han desplazado para teletrabajar en el extranjero.”

Si la empresa es española, la actividad laboral del empleado ya sea presencial o telemática tendrá el mismo impacto en el IRPF y en las retenciones derivadas de la actividad. Las ventajas, ahora bien, se multiplican para el trabajador: no se requieren desplazamientos diarios, hay facilidad para la conciliación y en definitiva, se mejora la productividad. Para la empresa la situación no varía mucho puesto que debe proveer a sus empleados de todos los recursos y asumir los gastos laborales, tal y como haría en el supuesto del trabajo presencial. Lo cierto es que para tener evidencias del cumplimiento de esta medida, habrá que esperar un poco más, ya que estos supuestos están recogidos en la recién nacida Ley del Trabajo a distancia.

¿Y si el trabajador se muda a otro país?

“El régimen fiscal que prima es el español, siempre y cuando la empresa contratante no tenga actividad económica o comercial en el país al que se mude”, confirma nuestro socio director. Lo cierto es que además se deben cumplir las condiciones de residente fiscal en España:

  • Que resida en España más de 183 días al año
  • Que su actividad principal o de base se realice en España
  • Que, en el caso de tener un cónyuge o hijos, estos residan en España

De lo contrario, estaríamos hablando de un contribuyente del Impuesto sobre la Renta de No Residentes. Este tipo impositivo puede ir desde el 19% para un país miembro de la UE hasta el 45% (en los países con mayor presión fiscal).

Cabo verde se une a la lista de más de 90 países exentos de doble imposición

El principal inconveniente es que el trabajador se verá obligado a pagar impuestos tanto en su país de residencia como en España. La buena noticia es que existen 90 convenios reguladores de la actividad laboral (o convenios de doble imposición, cuya lista se puede consultar aquí) que permiten al contribuyente pagar impuestos en aquel país donde se desarrollen efectivamente los rendimientos laborales. Los países que no se encuentran dentro de esta clasificación obligarán al trabajador desplazado a pagar los impuestos locales y también los del país de origen.

Residentes y no residentes

“La residencia es determinante para estipular el tipo impositivo que se imponga a cada trabajador”, sostiene Roales Nieto. En primer lugar, hay que atender a los criterios de residencia de cada estado. Por ejemplo, en Francia, donde muchos de nuestros clientes tienen gran actividad laboral, la condición de residente fiscal comparte muchas similitudes con los criterios exigidos en España (si pasan más de 183 días al año en Francia, si llevan a cabo su actividad en este país y si tiene sus principales actividades económicas allí).

Hay que tener especial cuidado si el trabajador no tiene un arraigo en el país de destino o si no tiene vínculos más allá del teletrabajo, nuestro socio advierte que “podría llegar a perder su condición de residente fiscal español si se ausenta más de los días estipulados y su única justificación es el teletrabajo”.